Mujeres y Tratamiento
Boletín N° 9. Abril 2012.
Caracterización de la población femenina atendida en el programa de Tratamiento Específico de Mujeres
El presente boletín tiene como objetivo describir el perfil de las usuarias del tratamiento específico de mujeres perteneciente al Servicio Nacional para la Prevención y Rehabilitación del Consumo de Drogas y Alcohol (SENDA), que se atienden en centros públicos y privados del país. Se utilizaron datos extraídos de los registros del sistema informático, Sistema de Información y Gestión de Tratamiento (SISTRAT) del año 2011.
Los resultados que se presentan buscan exponer la problemática contextual de las mujeres que puede influir de manera importante en el uso y abuso de drogas, así como en los resultados mismos del proceso de tratamiento recibido.
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Introducción
Características socio-culturales de las mujeres que presentan consumo problemático de drogas
Antecedentes
Durante mucho tiempo la mujer ha sido asociada y clasificada dentro de la esfera de lo privado. En ella se ha potenciado la imagen reproductora y se han resaltado atributos de crianza y cuidado de la familia. Sin embargo, al hombre se le identifica por su desenvolvimiento en el espacio público y político, además se le atribuye el rol de proveedor económico [1].
Actualmente, aunque la mujer ha transitado desde lo privado a lo público, “lo público se ha construido bajo un sistema de valores en donde lo doméstico es devaluado y en un esquema que segrega a lo femenino a ocupaciones entendidas como prolongaciones de su “esencia” (docentes, enfermeras, parvularias, secretarias, etc.)”[2]. Este sistema, que genera parámetros en donde la mujer distribuye su tiempo, espacio y dedicación, ha sido establecido bajo pautas culturales que estiman lo que es propio de lo femenino y lo masculino.
El género es entendido como las “(…) referencias que cada cultura construye sobre sus ideas en cuanto a lo que significa ser mujer y ser hombre. Esto es transmitido a través de la socialización, pasando a formar parte del mundo de las representaciones de cada persona”. [3]. En este aspecto, el género, como pautas de comportamientos elaboradas culturalmente, determina aquellas conductas que son permitidas y prohibidas tanto para hombres como para mujeres, que se establecen en los distintos espacios socioculturales en donde transcurre la vida cotidiana, ya sea la familia, la escuela, el trabajo, los espacios públicos, etc. De este modo, “(…) sería femenino todo lo relativo a la reproducción, la crianza de los/las hijos/as, las tareas del hogar, el mundo afectivo y el desempeño en el ámbito privado; sería masculino cumplir las funciones de jefe de hogar, de proveedor económico, pertenecer al mundo público y ocupar posiciones de conquista y jerarquía, también, se considera terreno de lo masculino la transgresión a ciertas normas, lo que va aparejado a la posibilidad de innovar, descubrir y cambiar el mundo”.[4].
Mujer – Consumo – Estigmatización
La mujer consumidora de drogas rompe inevitablemente el estereotipo social asignado a su rol femenino. Se establece que, a diferencia de los hombres, las mujeres pueden llegar a experimentar un estigma que es más estresante y destructivo que el que sufren los hombres. Uno de los principales argumentos de este estigma es el descuido o literal abandono de su rol materno, además de la imagen de inestabilidad individual que se refleja de manera no favorable en el ámbito laboral, familiar, emocional (situación de pareja).
Dentro de los factores de riesgo que se han identificado en la literatura y que aumentarían el riesgo de dependencia a alguna sustancia en la mujer, es posible mencionar “las tensiones familiares, familias disfuncionales, violencia dentro del hogar, la no valoración de su aporte en el hogar y en la sociedad, su rol secundario, entre otros, que generalmente vienen derivados de su rol sexual”. [5].
Además, estudios han mostrado que “las mujeres tienen un menor apoyo social y familiar que los hombres, y en ocasiones existe oposición a que reciba algún tipo de tratamiento, producto de que pueden ser criticadas (sancionadas) socialmente”. [6]. Lo anterior provoca que las mujeres tiendan a esconder su problema, a no pedir ayuda o a postergarla.
Tratamiento Específico de Mujeres con Problemas de Consumo de Drogas
Comprendiendo que el consumo de drogas no se vive de la misma forma e intensidad en hombres y mujeres y que, por consiguiente, no presenta las mismas consecuencias individuales (físicas y psicológicas) ni sociales, el Programa Específico de Mujeres de SENDA nace en el año 2002[*]., bajo la necesidad de entregar atención oportuna y de calidad, que se traduzca en intervenciones terapéuticas diferenciadas, considerando el nivel de severidad, compromiso biopsicosocial y aspectos contextuales de la población femenina que se atiende.
Este programa está dirigido a mujeres adultas mayores de 18 años que presenten consumo problemático de drogas, con o sin comorbilidad psiquiátrica, embarazadas o no, en un sistema que permite la incorporación de los hijos menores de cinco años al programa residencial, y que facilita espacios físicos y de contención para su cuidado durante su permanencia en las actividades terapéuticas de los programas ambulatorios.
Muchas de las mujeres que requieren tratamiento por consumo de drogas no ingresan a tratamiento por la existencia de barreras sociales e individuales, algunas de ellas responden al miedo de ser estigmatizada como una “mala madre” que descuida o abandona el cuidado de sus hijos. En ocasiones, temen perder a sus hijos por parte de instituciones de protección a menores. Todo esto sumado a la dificultad de contar con alguien que cuide de sus hijos, al escaso o nulo apoyo familiar, y la separación del vínculo emocional de la pareja (se considera que muchas mujeres consumen para acompañar a sus parejas consumidoras, para mantener una relación o ingresan al mundo de las drogas impulsadas por sus propias parejas), entre otras.
Teniendo como antecedente lo anteriormente expuesto, el objetivo del presente boletín es presentar una caracterización de las usuarias de Tratamiento Específico de Mujeres.
Descripción de la muestra
Para realizar la descripción del perfil de las usuarias de tratamiento específico de drogas, se utilizaron datos del año 2011 de los registros del Sistema de Información y Gestión de Tratamiento (SISTRAT), donde los centros de tratamiento que poseen convenio SENDA ingresan antecedentes de los usuarios y las prestaciones realizadas mes a mes a cada uno de ellos.
A lo largo del año 2011 el Programa Específico de Mujeres entregó atención a 1.155 mujeres adultas con consumo problemático de drogas, distribuidas en 43 centros de 14 regiones del país. Del total usuarias, 870 ingresaron a centros privados y 249 en centros públicos. El tratamiento, por su parte, se divide en 3 modalidades:
- Mujeres- Plan Ambulatorio Básico (M-PAB)
- Mujeres- Plan Ambulatorio Intensivo (M-PAI)
- Mujeres- Plan Residencial (M-PR)
En este boletín sólo se consideran los planes Ambulatorio Intensivo y Residencial. El Ambulatorio Básico no se incorpora por el bajo número de casos (36), lo que limita la comparabilidad con las otras modalidades. De acuerdo a este registro, 589 usuarias se atendieron en modalidad Ambulatorio Intensivo y 530 en el Residencial.
La Tabla N°1 muestra el total de mujeres atendidas por modalidad del plan de tratamiento y región del centro, observándose una mayor concentración en las regiones Metropolitana, Arica-Parinacota y Antofagasta.
Características sociodemográficas de las usuarias
La Tabla N°2 muestra la distribución etárea de la población en tratamiento en el Programa Específico de Mujeres. Se observa que existe una mayor concentración en los tramos que abarcan entre los 24 y 40 años, con 66,4% del total.
El nivel de escolaridad de las usuarias en tratamiento se muestra en la Tabla N°3. En ella se observa una mayor concentración en los niveles de educación media completa e incompleta, con 53,3% del total, mientras que 20,2% presenta estudios superiores (completos o incompletos).
De acuerdo a lo presentado en la Tabla N°4, 45,4% del total de usuarias se encontraban cesantes al momento del ingresar a tratamiento, porcentaje que es superior para aquéllas que ingresaron a un plan residencial, con 57,4%. Para ambos planes, la cifra de personas cesantes es mayor que las que reportan haber estado trabajando al momento de su ingreso, con 28,5% para usuarias de planes ambulatorios y 8,7% en residenciales. Las mujeres que se dedicaban a los quehaceres del hogar antes de su ingreso a tratamiento representan 28,7% del total, presentando una mayor concentración en el caso de las usuarias de planes ambulatorios (32,4%).
La tabla anterior muestra que en su mayoría las usuarias de tratamiento son solteras (55,5%), mientras que aquellas que viven con su pareja (casadas o convivientes) llegan al 30,2%. Por su parte, 12% se encuentran anuladas, separadas o divorciadas.
El gráfico N°1 muestra que una de las grandes diferencias entre las usuarias de M-PAI y M-PR se presenta en la tenencia de un hijo al momento de ingresar a tratamiento. Si bien los porcentajes se mantienen estables en cuanto al número de hijos por modalidad de plan, al considerar el último porcentaje en “3 hijos o más” podemos ver que a mayor cantidad de hijos, menos mujeres ingresan a tratamiento en modalidad residencial.
Antecedentes clínicos
La Tabla N°6 muestra los problemas de salud mental de las usuarias que estuvieron en tratamiento durante el año 2011. El registro corresponde al principal problema presentado por la usuaria al momento del ingreso.
La co-ocurrencia de problemas de salud mental en esta población es de aproximadamente 70%. En la tabla anterior se observa que 46% de las usuarias presentan como principal problema de salud mental la violencia intrafamiliar ejercida sobre ellas, mientras que en 7% de los casos se reportan situaciones de abuso sexual.
Para definir los trastornos psiquiátricos de la población atendida, los centros de tratamiento utilizan como sistema de clasificación la décima versión de la Clasificación Internacional de Enfermedades (CIE-10). En la Tabla N°7 se especifican los dos principales trastornos observados en la población femenina atendida durante el año 2011.
De acuerdo a la tabla anterior, el principal trastorno psiquiátrico presente es el de personalidad y del comportamiento, que llega al 26,5% de las usuarias. Es importante mencionar que un número importante de usuarias (255) se ubican en la categoría “En estudio”, ya que al momento del ingreso de los datos, no se establece con claridad el tipo de trastorno que presenta la paciente.
La Tabla N°8 muestra la distribución de la población según su nivel de compromiso biopsicosocial [7]. La mayoría de las usuarias presentan un compromiso severo, sin embargo, se observan diferencias importantes por tipo de plan. En este sentido, un 80,4% de las usuarias de planes residenciales presentan este nivel de compromiso, mientras que en el caso de los planes ambulatorios intensivos, esta cifra es de 39,6%.
Patrones de consumo
En la presente sección se presentan las drogas más consumidas por la población femenina, y su principal vía de administración.
La Tabla N°9 presenta la edad de inicio de consumo de drogas ilícitas. Aquí se observa que la mayoría de las usuarias reporta una edad de inicio entre los 13 y 17 años, con 58,6% del total.
De acuerdo a lo presentado en las Tablas 10 y 11, la pasta base es la sustancia principal al ingreso a tratamiento, mientras que el alcohol presenta el porcentaje más alto como droga secundaria.

El gráfico N° 2 muestra que el 86% de las usuarias que ingresan a tratamiento, lo hacen con un diagnóstico de dependencia, mientras que 14% lo hacen con un diagnóstico de consumo perjudicial.
Discusión
En el presente boletín se presentan las principales características sociodemográficas y sanitarias de la población femenina atendidas en el Programa de Tratamiento Específico de Mujeres con consumo problemático de drogas, financiado por SENDA. Los datos muestran una alta prevalencia de violencia intrafamiliar y abuso sexual y/o psicológico en las mujeres atendidas, lo que plantea un escenario complejo adicional al tratamiento del consumo problemático y sus problemas asociados.
La mayoría de las usuarias tienen nivel educacional medio, esto quiere decir que la mayoría de la población atendida tiene enseñanza media completa o incompleta, y que menos del 1% no posee estudios de ningún tipo. En cuanto a la ocupación, la mayoría de las usuarias ingresan a tratamiento sin un trabajo estable, no obstante el 19% se encontraba trabajando al momento de ingresar al tratamiento.
Los resultados presentados muestran que estamos ante una población compleja, con características que deben ser tomadas en cuenta a la hora de plantear una alternativa terapéutica. Es importante considerar que las mujeres cumplen roles sociales y familiares, y tienen cargas sociales y emocionales que dificultan el ingreso a tratamiento o el completo desarrollo de este una vez que ingresan. Entre los resultados presentados, cerca de un cuarto de las mujeres que ingresa a tratamiento lo hace con al menos un hijo, lo cual confirma la necesidad de contar con dispositivos que permitan y favorezcan esta modalidad.
Dado estos antecedentes, se ha puesto énfasis en incorporar una perspectiva de género en los planes de tratamientos específicos para mujeres para dar respuesta y atención de calidad en aquellos aspectos que, según la literatura y la experiencia clínica, son determinantes a la hora de elaborar estrategias más personalizadas e individualizadas de tratamiento, y con esto eliminar las inequidades y las brechas en el acceso.
Con esto se espera que las políticas sociales de género se establezcan como guía útil dentro de la problemática de drogas en población femenina. Los resultados del programa específico de mujeres, así como aquellas variables que predicen un mayor o menor logro terapéutico, son cuestiones a seguir estudiando y materia de futuros boletines.
Notas
Referencias











