Bebidas energéticas y los riesgos de su consumo con alcohol

Boletín Nº 14. Septiembre de 2012.

Bebidas energéticas y los riesgos de su consumo con alcohol

Gonzalo Soto, Psicólogo y Magíster en Salud Pública

El consumo de bebidas energéticas (BE) en Chile se ha masificado y crece a una tasa mayor que la mundial. Asimismo, también aumentan los estudios que indagan en los riesgos a la salud asociados a su consumo, principalmente cuando es mezclado con alcohol. Respecto a ello, existen diversas investigaciones que demuestran mayor riesgo de consumo intenso, intoxicación y dependencia al alcohol.

El presente boletín tiene como objetivo reportar la prevalencia del consumo de bebidas energéticas en la población escolar y analizar el posible riesgo que puede constituir su consumo en escolares que autorreportan consumo intenso de alcohol (Binge drinking). La metodología para la estimación de la prevalencia de consumo de bebidas energéticas se realizó con los reportes del Estudio Nacional de Drogas en Población Escolar 2011 y para el análisis del riesgo se utilizó el Modelo Lineal General.

Los resultados obtenidos dieron cuenta de un mayor consumo en hombres, con 24,7% de prevalencia año y 13,0% de prevalencia mes, en estudiantes de colegios particulares pagados, con 40,3% de prevalencia año y 19,3% de prevalencia mes. En cuanto al análisis de riesgo, existe 20% mayor riesgo de llegar a un consumo intenso de alcohol en aquellos escolares, que además consumen BE (P value <0.001). Al respecto, cabe destacar la importancia de diseñar estrategias de prevención y recoger información respecto al consumo mezclado de alcohol y bebidas energéticas.

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Introducción

Las bebidas energéticas son productos artificiales que están compuestos por múltiples sustancias estimulantes que buscan generar en el consumidor efectos energéticos, regeneradores de la fatiga y del cansancio. Su consumo se ha masificando fuertemente y está principalmente asociado a la vida nocturna o al deporte, por lo que la industria concentra su público objetivo en la población joven, en el que se ha posicionado fuertemente. Su expendio se realiza en farmacias, supermercados, gimnasios, minimarkets de estaciones de servicios y, en especial en bares, discotecas, pubs y botillerías, estas últimas asociadas al consumo de alcohol [1]. Su uso en Chile está normado por el Código Sanitario, que las denomina “alimentos para deportistas” y “bebidas energéticas” [2].

La comercialización de bebidas energéticas en Chile se inició principalmente por medio de su importación a inicios de la década de los ‘90. Actualmente, la demanda por su consumo ha crecido fuertemente y se complementa con producción nacional [3]. En base al reporte de la industria, el consumo de bebidas energéticas a nivel global aumentó en 14,1%, en Latinoamérica se incrementó un 31% -la región con mayor alza-, mientras que Chile registró un crecimiento de 26,7% [4].

La composición de las distintas marcas de bebidas energéticas que se comercializan en Chile están constituidas principalmente por agua y la adición de un alto número de compuestos, como aminoácidos individuales (glutamina, la arginina, taurina, etc.), aminoácidos ramificados (leucina, isoleucina, valina, etc.), vitaminas, carbohidratos, saborizantes naturales y artificiales, minerales, azúcar, edulcorantes, ginseng y cafeína, la que también puede estar contenida como extractos de café, té, guaraná, yerba mate, entre otros [5].

Estudios que dan cuenta que los principales compuestos incluidos en las bebidas energizantes -guaraná, taurina, y ginseng- tienen dosificaciones subumbrales para producir los efectos terapéuticos energizantes. Por otro lado, presentan altos niveles de concentración de cafeína y glucosa que representan potenciales riesgos tóxicos por su consumo excesivo [6][7][9]. Por lo anterior, se debe cumplir con un etiquetado que advierta de los riesgos de salud asociados su consumo en exceso. La rotulación también debe advertir sobre la ingesta diaria admisible (IDA) por cada sustancia.

En Estados Unidos dada la masificación de las bebidas energéticas y la venta de una versión que incluye alcohol (Alcoholic Energy Drinks), se ha despertado el interés por investigar los riesgos de su consumo, lo que ha generado su prohibición en cuatro Estados por parte de la FDA (US Food and Drug Administration), dado el aumento de reportes de intoxicaciones en adolescentes [11][12].

Las investigaciones sobre la relación del consumo de una mezcla de ambas sustancias entregan evidencias respecto al enmascaramiento los signos de intoxicación por alcohol, lo que implicaría el riesgo de consumir un mayor volumen de alcohol, con mayor deshidratación, resacas más severas y prolongadas[13]. Por lo anterior, se hace importante sensibilizar a adolescentes y jóvenes respecto a los riesgos del consumo de bebidas energéticas mezclada con alcohol y monitorear el rotulado de advertencia de las bebidas energéticas [7] . En Chile, algunas marcas rotulan los posibles riesgos si se consume mezclada con alcohol, aunque ésta no es una exigencia del Reglamento Sanitario de los Alimentos [3] .

El alcohol por sí solo deteriora los procesos de inhibición y activación de control del comportamiento en el bebedor. Algunas investigaciones dan cuenta del escenario de alto riesgo para las personas que mezclan alcohol y bebidas energizantes ya que aumenta los niveles de estimulación y los aspectos gratificantes del alcohol, lo que lleva a un mayor consumo, especialmente cuando el control inhibitorio sigue estando afectado por el alcohol [17] [19] . Esto expone a los bebedores a riesgos como accidentes de tránsito por la conducción de vehículos bajo los efectos del alcohol, conductas sexuales riesgosas, entre otros [11]. Un estudio estadounidense reveló las probabilidades que bebedores intensos consumieran alcohol con bebidas energéticas eran casi 4 veces mayores (odds ratio=3,7) que las de los bebedores no intensos [20]. Por otro lado, también se ha observado que existe un alto riesgo de dependencia al alcohol en consumidores de alcohol y bebidas energéticas [21].

En cuanto a la prevalencia, diferentes estudios indican que esta se ubica en torno al 20% y 30%. En Estados Unidos, el consumo mensual de alcohol y energéticas es de 25% en jóvenes y adultos, mientras que en Francia la asociación que jóvenes hacen entre el alcohol y las energéticas es de 25% a 40%, lo que sugiere una alta prevalencia. En Latinoamérica, el consumo mensual llega al 18,9% de la población escolar, mientras que en Argentina a 29,9% [20][23] [24] [25].

En Chile no existen datos sobre la magnitud de la prevalencia de energéticas mezclada con alcohol, lo que representa una limitación al momento de investigar este fenómeno. Sin embargo, con la información disponible de la serie de Estudios de Drogas en Población Escolar es posible analizar la relación entre ambas sustancias, especialmente en adolescentes y jóvenes que autorreportan consumo intenso de alcohol (Binge drinking). Lo anterior, debido a que los antecedentes y la evidencia dan cuenta de las propiedades de enmascaramiento de las energéticas de los signos inhibidores del alcohol.

El presente boletín describirá la metodología con la cual se ha estimado la prevalencia del consumo de bebidas energéticas en población escolar, posteriormente se analizará el riesgo de consumo intenso de alcohol en aquellos que auto reportan consumo de bebidas energéticas en el último mes y además lo que reportan el consumo de alcohol en el último mes, finalmente abordará las limitaciones del ejercicio realizado.

Metodología

Para el presente boletín se estimó la prevalencia mes y la prevalencia año del consumo de bebidas energéticas para la población escolar en Chile en base a la información reportada en el Estudio Nacional de Drogas en Población Escolar 2011 (ENPE 2011). La prevalencia se desglosó por sexo, año escolar cursado y tipo de dependencia del establecimiento escolar como indicador asociado al nivel socioeconómico.

En relación al análisis del riesgo que puede constituir el consumo de bebidas energéticas en consumidores de alcohol, en particular aquellos que autorreportan consumo en exceso de alcohol, la metodología estadística utilizada para su análisis se estimó en base al Modelo Lineal General (GLM), el cual expresa en forma cuantitativa relaciones entre conjunto de variables, en las que una de ellas se denomina variable respuesta o dependiente y las restantes son llamadas covariables, variables explicativas o variables independientes [26] .

Para el presente boletín la variable dependiente es el consumo intenso de alcohol en el último mes (binge drinking) y las variables independientes explicativas son el consumo de bebidas energéticas en el último mes, edad y sexo, solo se consideraron en el modelo los escolares que auto reportaron consumo de alcohol en el último mes. Para la correcta estimación del análisis se consideró el tipo de diseño muestral para el estudio de drogas (ENPE 2011).

Independiente de que no se conozca el número de personas que consumen la mezcla de alcohol y bebidas energéticas, igualmente debería observarse algún efecto si el uso de energéticas es un factor de riesgo en consumidores de alcohol que autor reportan beber en exceso.

Universo y muestra

Respecto a los datos analizados el ENPE 2011 estos representan un universo de 859.720 alumnos mayores de 12 años, siendo 439.525 mujeres y 417.028 hombres, la muestra está constituida por 33.422 alumnos, con 16.570 hombres y 16.812 mujeres.

Variables del estudio

Las variables utilizadas del ENPE 2011 son sexo, edad (12 a 21 años), año escolar cursado (8° básico a 4° medio), dependencia establecimiento educacional (municipal, particular subvencionado, particular pagado), consumo bebidas energéticas mes, consumo bebidas energéticas año y consumo alcohol intenso en el último mes (Binge drinking).

La estimación del consumo de bebidas energéticas dada en los reportes del estudio (ENPE 2011) se ha realizado a partir de las respuestas a la pregunta “¿Cuándo fue la última vez que consumiste alguna de las siguientes drogas? […] Bebidas energéticas: En los últimos 30 días / Hace más de un mes, pero menos de un año / Hace más de un año / Nunca he probado”. Específicamente para estimar la prevalencia mensual, se consideraron las respuestas positivas al consumo “En los últimos 30 días”, y para la prevalencia año se consideraron la sumatoria de las respuestas positivas al consumo “En los últimos 30 días” y “Hace más de un mes, pero menos de un año”.

Respecto al autorreporte de consumo intenso de alcohol (Binge) dado en el estudio (ENPE 2011), éste se ha estimado a partir de la sumatoria de las respuestas positivas a la pregunta: “Pensando en los últimos 30 días, ¿qué tan seguido has tomado 5 o más tragos en una sola ocasión (por ejemplo en un carrete, una salida o una junta)? 5 o más tragos equivaldría a por ejemplo: 5 latas de cerveza o aproximadamente 1 litro y medio de cerveza (1.600 ml de cerveza), 5 copas de vino o aproximadamente 1 botella de vino (700 ml de vino), 5 combinados suaves o 3 combinados fuertes (200 ml de ron, pisco, vodka u otro licor): Ninguna vez / 1 vez / 2 veces / 3 a 5 veces / 6 a 9 veces / 10 o más veces”.

Resultados

Análisis Descriptivo

Respecto a la estimación de la prevalencia mensual y anual del consumo de bebidas energéticas, en la población escolar en Chile, sus resultados se muestran a continuación. Cabe destacar que las prevalencias se refieren al consumo en general, no desagregado por tipo de ámbito de consumo, esto es deportivo, recreativo y/o nocturno.

Gráfico 1. Boletín N° 14

La estimación de la prevalencia año es del 24,7% (n=9.110) y la prevalencia mes del 13% (n=4.796), destaca un menor consumo en mujeres en el consumo mensual de bebidas energéticas. Existen diferencias significativas respecto al consumo último mes entre la proporción de hombre y mujeres (Test Wald (1, 949) =26.84, P Value< 0.001).

Gráfico 2. Boletín N° 14

Respecto a la estimación de la prevalencia año y prevalencia mes se observa un mayor consumo de bebidas energéticas a medida que aumenta el año cursado.

Gráfico 3. Boletín N° 14

La estimación de la prevalencia según el tipo de dependencia está asociado al NSE, en la estimación se puede observar un mayor consumo en colegios particulares pagados (19.3%-40.3%) y menor consumo en establecimientos públicos (9.0%-17.9%), tanto para la estimación de la prevalencia mes y la prevalencia año respectivamente. La diferencias entre los distintos establecimientos es significativa, respecto al consumo último mes, entre la proporción establecimientos municipales, particulares subvencionados y particulares pagados (Test Wald, F (2, 948) = 47.06, P Value< 0.001).

Análisis Multivariado

Para estimar si efectivamente el consumir bebidas energéticas es un factor de riesgo para el consumo intenso de alcohol en los escolares que autorreportan consumo de alcohol del último mes, se usó el análisis GLM, que consideró las variables explicativas de sexo, edad y consumo mensual de bebidas energéticas.

El análisis estimó que existe 20% de mayor riesgo de autorreporte de consumo intenso de alcohol (Binge) en jóvenes que consumen bebidas energéticas, versus los que reportaron beber alcohol en el último mes pero no consumieron bebidas energéticas (P value<0.001). La edad no representó ser un factor protector o de riesgo ligado al autorreporte de consumo intenso de alcohol.

Discusión

Casi un cuarto de la población escolar (24,7%), por lo menos, una vez en el último año ha consumido bebidas energéticas, mientras que 13% lo ha hecho al menos una vez en el último mes, ambas prevalencias son menores a las observadas en otros países.

Respecto a su consumo, éste es mayor en hombres y en establecimientos educacionales asociados a un mayor NSE como es el caso de los colegios particulares pagados.

En cuanto al análisis multivariado, en personas con autorreporte de consumo intenso de alcohol representa un factor de riesgo el ingerir bebidas energéticas, esto independiente de que no se conozca la proporción exacta de consumo mezclado de alcohol y bebidas energéticas. Lo anterior, es congruente con la evidencia reportada en investigaciones extranjeras.

Aunque el consumo de bebidas energéticas es menor comparativamente a otros países, viene en aumento en los últimos años en Chile, por lo que es importante monitorizar su evolución, dado el riesgo asociado a su consumo, tanto los antecedentes revisados en investigaciones extranjeras como la adicionada en éste boletín con la población escolar de Chile.

Dado lo anterior, es razonable considerar el diseño de estrategias de prevención del consumo mezclado de alcohol y bebidas energéticas, en particular en población escolar, y, por otro lado, monitorizar el consumo mezclado en los próximos estudios de drogas. Finalmente, para próximas investigaciones es importante estudiar los efectos de este fenómeno en población general.

Limitaciones

No se cuenta con información del consumo mezclado de alcohol y bebidas energéticas en la ENPE 2011, por lo que es importante destacar que la asociación realizada entre ambas tiene esa limitación.

En relación al análisis del riesgo que puede constituir el consumo de bebidas energéticas, en quienes autorreportan consumo de alcohol, tiene como limitante no conocer la proporción de personas que consumen bebidas energéticas para otros fines como los del ámbito deportivos, y no asumir que la consumen exclusivamente mezclada con alcohol.

Por otro lado, independiente de que no se conozca el número de personas que consumen la mezcla, igualmente se observó que efectivamente se constituye como un factor de riesgo para el autorreporte de consumo intenso de alcohol el consumo de bebidas energéticas. Cabe destacar que por el mismo motivo, de no conocer la proporción exacta de consumo mezclado riesgo, se subestima dado que están incluidos aquellos que consumieron bebidas energéticas para otros ámbitos, como el deportivo

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